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martes, 6 de febrero de 2024

No tienes un whatsapp

- ¿Para qué habrán inventado los teléfonos?

- ¿Vos te sentís bien? No se puede preguntar eso y también vivir en el siglo XXI.

- ¿Para qué habrán inventado internet?

- Definitivamente tenés fiebre o te está dando un ACV... Sino decime vos ¿para qué existe el marcapasos? ¿el matafuegos? ¿el airbag? Un teléfono con internet es la prolongación de las manos. Nadie vive sin un celular con internet pegado a los dedos.

- "Con": tampoco. -y dio por terminado el debate; y se alejó murmurando: "¿para qué sirve guardar gotas de un perfume Carolina Herrera que nunca más podrás comprar? ¿para qué el jabón líquido de miel? ¿para qué las guillerminas rosa?"

A medida que se alejaba se entrecortaba la voz con tijeras que dejaban palabras en el aire tal vez al azar, cadenas, columna, mortero, muro, whatsapp... así, llevadas por el viento en orden alfabético hasta quedar totalmente inaudibles como casi toda queja.

Tal vez seguía preguntándose más cuestiones, no lo sé, yo ya no escuchaba nada, pero como la vista puede más que el oído vi que guardaba cuidadosamente el teléfono en una bolsita de plástico y lo tiraba en el contenedor de basura de la mitad de cuadra... y seguí mirando hasta que no vi más su figura.

La curiosidad me pudo y fui hasta el basurero a rescatar su teléfono. El WhatsApp estaba lleno de mensajes. Quién sabe cuál era el que no estaba y le quitó el sentido a la vida.


Raquel Nieto
Rosario, 5 de febrero de 2024

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Spica

Mi abuelo Paco los domingos hacía asado. Nosotros íbamos. Vivíamos en San Lorenzo a 2 cuadras.
Después del asado mi mamá lavaba los platos.
La abuela se daba siestitas cortas de 15 minutos. Mi papá dormía en el living.

La casa de calle Suiza 907 era un chalet a 2 aguas, colonial... con patio enorme. Para mí llegar hasta una higuera que había en el fondo era como cruzar un bosque. 
Porque los abuelos habían puesto toldo de aluminio de esos que se da vueltas un palo y levantan alerones para que entre el sol. Y donde terminaba el piso mosaico plantaron 2 pinos, espacio y otros 2 pinos.
A la vista, esa "pared" de pinos daba la sensación de que ahí el patio terminaba. Y de hecho mi abuela no iba más allá.
Así que atrás quedaban 20 metros de patio donde andaba el perro, mi abuelo cuando buscaba leña y nosotras: mi hermana y yo. 
Habíamos construido una 'casita" arriba de un árbol. Soñaba que era una casita, pero no sabía manejar herramientas y mi hermana era más chica que yo, así que en realidad teníamos un montón de maderas puestas y lo demás era imaginario.

El abuelo se ponía a limpiar la parrilla, con papeles de diario, la dejaba lista para el próximo domingo. Y después se iba adelante, al garage, que también me gustaba porque tenía fosa y era misterioso... Tenía un banco de herramientas con una piedra de lijar a manivela, y una morsa que me encantaba. 
El tema es que él levantaba el capot del Dodge 1500, rural, color beige alteza (que siempre brilló desde que lo fuimos a comprar un día de lluvia). El abuelo lo lustraba, hasta el motor relucía. Era entrar al garage y el abuelo ya estaba en lo suyo. Limpiaba cosas, tuercas, mangueras con un trapito con nafta y prendía una radio chiquita forrada en cuero marrón o anaranjado, y escuchaba los partidos. Y a veces se emocionaba, y sí, a veces Central ganaba...
El sol caía de costado, hasta que entraba el último rayo y era la hora de irnos. Caminar 2 cuadras hasta mi casa y me parecía mucho.
Los domingos me encantaban hasta que empezaba la radio, el olor a tornillos, nafta y el sol de costado. 
Esa parte del domingo me ponía triste.

Hoy, si escucho el relato de fútbol DE RADIO me transporta a esos días... Es que el relato de fútbol por radio es distinto, trae comentarios que no existen si LO VES... si ves el partido apenas dicen el nombre del jugador. Cuando es por radio todo se describe: la recibe de cabeza, la baja con el pecho, se prepara, patea con la zurda, se viene el defensor, jajaja... Escuchar eso o ver el sol entrando de costado me da melancolía. 

Cualquier día el sol hace lo mismo, pero se extraña en domingo.

Raquel Nieto
23/05/2020

jueves, 1 de marzo de 2018

El tesoro

Cuando tenía once años, como ahora tiene mi hija, estaba visitando a mis abuelos que vivían en un pueblo que parecía de dos siglos atrás porque no había luz eléctrica, así que nadie miraba televisión, directamente no tenían televisores, ni computadoras, ni tablets, ni celulares porque tampoco existían... así que la gente cuando terminaba de trabajar se juntaba a contar historias.

Esa tarde habían venido a la casa de los abuelos varios vecinos, tomaban mates, comían bizcochos y se reían. Cuando se puso oscuro prendieron un farol que iluminaba pero también agrandaba las sombras. Afuera los grillos, tal vez también reunidos entre vecinos estarían contando historias de grillos porque se escuchaba que hablaban cri cri cri cri sin parar.

De pronto mi abuelo mencionó: "el tesoro que todos conocemos volvió a brillar". Yo que miraba por la ventana me di vuelta y le clavé los ojos para averiguar si había entendido bien. Todo se volvió suspenso. Hasta los grillos se callaron.

- ¿Hay un tesoro por aquí abuelo?

- Sí, algunas noches brilla una luz en casas abandonadas -respondió mi abuelo pausadamente mientras yo lo miraba con ojos de búho y boca abierta de grillo sorprendido.

- ¿Y qué hay adentro de los tesoros?

- Son tesoros de esmeraldas y libras esterlinas -respondió Chichina, la vecina que vivía al otro lado de la plaza.

- Los que lograron abrir un tesoro encontraron monedas de plata -agregó don Victor Moreno.

- ¿Y cuándo podría empezar a cavar para buscar un tesoro para mí?

- No m'hijita -respondió mi abuelo Saúl-, son tesoros protegidos, no hay que sacarlos. Yo sé dónde están pero ahí se tienen que quedar porque ese dinero tenía dueños que se murieron en la guerra o de alguna enfermedad. Tu tesoro no tiene que ser el que otros escondieron, cada cual tiene que hacer su propio tesoro con trabajo, con esfuerzo y con amor.

Esa noche me fui a dormir con la duda de si esos tesoros existirían o no, si en realidad alguien habría encontrado un tesoro lleno de monedas de plata y esmeraldas, si yo alguna vez tendría un tesoro...

A la mañana siguiente no me había olvidado de los tesoros, pero pensé que quizás era solo un cuento de los que se cuentan a la luz de un sol de noche. Pensando estaba en esto cuando apareció Chichina, me dio algo chiquito en la mano, me dijo "Guárdalo niña" y se fue, como si nunca hubiera venido. Cuando abrí la mano tenía una piedrita verde, nadie jamás me sacaría de la mente que esa era una esmeralda.

Ahora que han pasado más de treinta años sé que los tesoros sí existen, que se llama luminiscencia lo que sucede cuando un gas sale de la plata enterrada y brota a la superficie, que muchos descubrieron tesoros y sí encontraron libras esterlinas y esmeraldas, y que mi abuelo tenía razón: el verdadero tesoro es haber escuchado historias en rueda de amigos a la luz de un farol, haber jugado, haber crecido rodeada de amor, haber aprendido que los sueños se logran trabajando por ellos.

Raquel Nieto
Rosario, 1 de marzo de 2018